Cartografiar el origen de cada pieza
Antes de enamorarnos de una textura, es vital entender de dónde procede. Cartografiar el origen combina investigación documental, entrevistas, inspecciones físicas y fotografías que evidencian su trayectoria. Esta práctica protege contra falsificaciones, honra oficios locales, previene la apropiación cultural y asegura que cada elemento hable con voz auténtica. Al documentar su paso por talleres, edificios y manos, el espacio se convierte en una crónica coherente, transparente y llena de sentido.